
Para ser perfecto,
un elefante blanco
no debe tener
más que un lado,
una oreja replegada,
un perfil de trompa
alineado a la carota,
dos patas
embutidas en el cuerpo
y un solo ojo
como una salpicadura de tinta.
Su otro lado,
por corresponder a la realidad,
no existe.
Maliyel Beberido
Ilustración: "Paisaje con elefante blanco" de Juan Segura.
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